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¿Qué es el laurel?

El laurel es uno de los vegetales con más tradición “mágica”, y ha estado muy arraigado siempre a las culturas Griega y Romana, de hecho seguro que recordarás las célebres imágenes de Julio Cesar portando una corona de laurel en su cabeza.

El laurel es un árbol majestuoso y muy aromático cuyas hojas se recolectan para su uso como condimento de muchas comidas, y también para extraer su aceite esencial. En la antigua Grecia se conocía como el “Árbol de Dios Apolo”.

El laurel ha sido reconocido desde hace más de 2000 años como una de las plantas con más misticismo. Tanto los emperadores romanos, los sabios o filósofos, así como los vencedores de cualquier competición adornaban sus cabezas con una corona de laurel, tradición que se mantiene hasta nuestros días, ya que en ese contexto, simbolizaba poder, sabiduría y victoria, y en el caso de los emperadores pretendía indicar que dicho emperador descendía directamente de los Dioses.

Por otro lado, el laurel también se utilizaba en rituales mágicos, ya que se le otorgaba poderes proféticos y psíquicos; es decir, al inhalar su humo o masticar las hojas de laurel, se podía vislumbrar el futuro y tener visiones, por eso en muchos ritos, los sacerdotes lo usaban para conseguir el trance y las visiones de futuro. Otra de sus cualidades mágicas era la de proteger tanto de las fuerzas malignas como de los rayos y las descargas eléctricas, que se consideraban producidas por los Dioses. Se debía colocar una rama de laurel en las ventanas de las casas, o bien cerca de la cabeza si se estaba a la intemperie. En las ceremonias religiosas el agua se “purificaba” con hojas de laurel y se esparcía “bendiciendo” a los asistentes. También se quemaba laurel en las casas de los enfermos, y se les bañaba en agua de laurel para protegerlos de la enfermedad y de los malos espíritus.

Hoy en día se utiliza sobre todo como condimento alimentario y como ingrediente esencial para muchos cosméticos dedicados al tratamiento de la piel con problemas de acné o infecciones. Uno de sus usos cosméticos más reconocidos hoy en día es el Jabón de Alepo, elaborado artesanalmente en Siria.

* Extraído de “elHerbolario.com”

El síndrome del hombre lobo

La Hipertricosis lanuginosa congénita (HLC) es una rara afección en la cual el lanugo ( vello fino que cubre el cuerpo del feto y que desaparece al poco de nacer) no se reemplaza por pelo normal, incluso sigue creciendo hasta alcanzar los 10 cms en toda la superficie corporal excepto en palmas, plantas, superficie dorsal de falanges distales y prepucio.

La esperanza de vida de estas personas suele ser la misma que la de una persona normal, pero la sociedad hace que la persona que sufre esta enfermedad se vea aislada y sufra discriminación y maltrato tanto físico como psicológico.

El de Petrus Gonsalvus fue el caso de Hipertricosis más antiguo de los que se han descrito en Europa.

Otra explicación para el síndrome del hombre lobo es la Porfiria Cutánea Tarda, enfermedad donde se acumulan Porfirinas ( intermediario en la síntesis de Hemo, dado que faltan enzimas para completar su síntesis) en la piel, las cuales en contacto con la radiación UV del sol generan excitación en las moléculas, liberando radicales libres ( dañinos para los tejidos) y estos generan daño en la piel. Un mecanismo de defensa del cuerpo es aumentar la cantidad de pelo en las zonas de contacto con este tipo de radiación para así evitar el daño.

Personas con esta enfermedad ( no diagnosticada ni conocida) salían por la noche para evitar el sol, con mayor pelo que el habitual y en noches de luna llena para poder ver bajo su luz ( no había energía eléctrica ni linternas)

De esta manera, muchos mitos acerca del hombre lobo, tendrían una explicación posible.

* Extraído del libro “ Tricología ( cap 6, vol 1) del Dr. Montagna y la Dra. Tosti.

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Mitos y leyendas sobre el cabello: Julio César

Al margen de su carrera política y militar, César ( 101-44 a. C9) destacó como orador y escritor. Redactó, al menos, un tratado de astronomía, otro acerca de la religión republicana romana y un estudio sobre el latín, ninguno de los cuales ha sobrevivido hasta nuestros días.

Según el historiador latino Suetonio, César sedujo a numerosas mujeres a lo largo de su vida y sobre todo a aquellas pertenecientes a la alta sociedad romana. La inclinación de César hacia los placeres del amor también ha sido confirmada por los versos cantados por sus soldados con ocasión de su triunfo en Roma por las campañas en la Galia, referidos por Suetonio:

Ciudadanos, vigilad a vuestras mujeres: traemos a un adúltero calvo
Has fornicado en Galia con el oro que tomaste prestado en Roma.

César llegó a Egipto acompañado por dos legiones. Tras acomodar a sus hombres en el palacio real, se dispuso a poner orden en la difícil situación interna del país del Nilo, dividido por el enfrentamiento entre los dos hermanos y esposos reinantes, Ptolomeo XIII y Cleopatra VII.  César y Cleopatra mantuvieron una intensa y famosa relación amorosa que daría como fruto un hijo: Cesarión.

 César dio el trono a Cleopatra (47 a.C.), lo que, unido a la presencia de las tropas romanas en el palacio de los faraones y a la deposición de Ptolomeo XIII, hizo que el pueblo, dirigido por los consejeros fieles al rey, se amotinase y tratase de tomar el palacio.

César protagonizó una de sus geniales acciones militares y logró atravesar el cerco egipcio para reunirse con Mitridates, tras lo cual las fuerzas combinadas de ambos destrozaron a las tropas egipcias en una sangrienta batalla en la que falleció Ptolomeo XIII. Cleopatra se trasladó después a Roma, donde vivió hasta la muerte del dictador.

Según el historiador Suetonio, el emperador Cayo Julio César, conocido por su sobriedad y elegancia así como por su coherente pensamiento político, y sensible sin embargo a la belleza física, pidió permiso al senado para poder llevar habitualmente la corona de laurel, con el fin de disimular su calvicie.

César concurrió al Senado el día 15 (los idus de marzo), fecha para la que se había fijado la sesión que discutiría la expedición contra los partos.  Alguien retuvo a Marco Antonio ( que en ese momento ocupaba el consulado junto con César) en la antesala del Senado. Cuando César se hubo sentado, lo rodearon y lo atacaron con sus puñales y dagas. Había recibido 23 puñaladas; posiblemente una sola de ellas había sido mortal.

El testamento de César legaba 300 sestercios a cada ciudadano necesitado de Roma y entregaba sus jardines del Trastevere al pueblo romano, lo que estimuló la devoción popular por su figura hasta extremos impresionantes; se pidió la ejecución de los tiranicidas y se rechazó el compromiso de Marco Antonio con los asesinos de César, lo que a la larga le costaría el poder. Al no tener César herederos varones, en su testamento quedó establecido que su sobrino nieto, Octavio, se convirtiera en su sucesor. Octavio llevaría a cabo las reformas de César y se convertiría en el primer emperador de Roma, con el nombre de César Augusto.

Extraído de “Biografías y Vidas. La enciclopedia bibliográfica en línea” y ampliado con el capítulo 2 del magnífico libro “Cuidemos de nuestro pelo” del Dr. Ramón Grimalt.

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Mitos y leyendas sobre el cabello: Cleopatra

Mitos y leyendas sobre el cabello: Cleopatra

Cleopatra ( nació en el año 69 y murió en Alejandría en el año 30 antes de Cristo). Fue la última gobernate de la dinastía ptolemaica del Antiguo Egipto. También fue diplomática, comandante naval, lingüista y escritora de tratados médicos.

Cleopatra fue una mujer paradigmática, representada siempre en el mundo de la ficción con una negra y cuadra melena simétrica de recto flequillo. Legendaria por su magnetismo, se sirvió de él para gobernar un imperio. Julio César y Marco Antonio, los dos hombres más importantes de la época, cayeron sometidos ante sus encantos.

Sin embargo, se desconoce cómo era el color de su piel, pelo y ojos; aunque por su origen macedonio quizá fuese de tez clara y cabello rubio. Su nariz era grande, como la boca, arqueada tal y como aparece en algunas monedas. Sin duda era de estatura pequeña. De ella no se ha conservado ninguna escultura, salvo un pequeño busto.

La productiva dedicación a los asuntos políticos e intelectuales no impidió a Cleopatra prestar atención a su aspecto físico. Los egipcios de aquella época, de refinadísima higiene, en lugar de presumir de un pelo abundante, se afeitaban la cabeza y la cubrían con telas cuadradas que se ceñían a las sienes, sobre las orejas, con angulosos pliegues. En ocasiones especiales llevaban pelucas de pelo natural, de lino o de palmera, cuyos restos han podido encontrase en tumbas excavadas, y que estuvieron de moda durante más de mil años.

También era común entre las mujeres egipcias depilarse íntegramente cualquier vello corporal, incluido el púbico, al que consideraban foco de suciedad y fuente de infecciones. No se sabe si Cleopatra compartió estas costumbres. Dicen los textos apócrifos que padecía una alopecia intensa que le obligaba a llevar peluca, independientemente de la moda.

La imagen de su belleza, así como la de su pelo negro y abundante, es probablemente la justificación que una mujer fea y calva logró mantener gracias a una personalidad cautivadora.

Extraído del capítulo 2 del magnífico libro “Cuidemos de nuestro pelo” del Dr. Ramón Grimalt.

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Mitos y leyendas sobre el cabello: Sansón y Dalila

Mitos y leyendas sobre el cabello: Sansón y Dalila

De todas las leyendas acerca del cabello que han llegado hasta nuestros días, la que más me fascina por la doble interpretación a la que se expone es la leyenda de Sansón y Dalila. Por un lado se puede entender el personaje de Dalila como una mujer malvada y sin escrúpulos que es capaz de seducir a Sansón y hacerle perder toda su fuerza, dejándolo de esta manera caer en manos de su enemigos. Y por otro lado podemos ver a Dalila como una mujer pacífica que consigue derrotar al todopoderoso Sansón con el solo acto de cortarle el pelo.

En los capítulos 13 al 16 del libro de los jueces del Antiguo estamento de la Sagrada Biblia se cuenta la historia del más famoso juez de Israel: Sansón. Consagrado desde el vientre de su madre para ser un líder del pueblo elegido por Dios, y dotado de una fuerza espiritual y física sobrehumana, era capaz de destruir templos y ejércitos con el sólo poder de su brazo.

Sansón, cuyo nombre bien puede venir de la palabra hebrea “ shemesh” que significa “pelo”, fue el hombre fuerte mítico por excelencia, sujeto únicamente a una condición, a un recordatorio divino: su magnífica melena debía permanecer intacta. Su descomunal fuerza se desvanecería inmediatamente si esta fuese cortada.

Pero un peligroso enemigo carente de armas y fuerza física, una seductora filistea llamada Dalila, le venció. Designada por el sumo sacerdote del culto del Dagón para enamorar a Sansón y arrancarle su secreto, consiguió que este olvidase su misión divina revelándole el secreto de su misterioso don como prueba de amor. Dalila le cortó el pelo mientras dormía, arrebatándole con este acto el poder de su fuerza.

Aunque la historia de Sansón fue la base de la creencia de que una larga cabellera equivale a vigor y valentía, en ocasiones ha predominado la idea contraria: una cabeza rapada como símbolo de fuerza y combatividad.

Extraído del capítulo 2 del magnífico libro “Cuidemos de nuestro pelo” del Dr. Ramón Grimalt

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El pelo a través de la historia III

Etapa VI:

El Siglo XX (1900-1930)

El pasado siglo fue el que dio el empujón definitivo a la peluquería profesional. A pesar de que ya había hecho sus primeros pinitos unas décadas antes, fue en el siglo XX cuando surgieron los salones de belleza dedicados exclusivamente al cabello, cuando estos se acercaron al pueblo, cuando los productos específicos dejaron de ser artesanales y aparecieron las grandes firmas, cuando hombres y mujeres decidieron dedicar parte de su presupuesto familiar a arreglar su peinado y cuando surgieron las escuelas y los estudios de peluquería.

Pero si hay un hecho verdaderamente destacable fue el acontecido en los años veinte: las mujeres se cortaron el pelo corto. Con la incorporación de las mujeres al trabajo, éstas habían dejado de peinarse solamente para arreglarse y habían empezado a buscar la comodidad. La evolución lógica de la búsqueda de lo práctico fue cortarse el pelo como un hombre: surgió el estilo garçon. En ese momento cortarse el cabello se convirtió en todo un símbolo de la mujer moderna. Inicialmente hubo quien consideró que el pelo corto femenino sería una moda pasajera, pero realmente se convirtió en una opción más, y una opción que siempre ha seguido ligada a las mujeres emprendedoras, atrevidas, independientes y modernas. Nos encontramos pues ante el nacimiento de la peluquería tal como la entendemos hoy.

Etapa VII:

El Siglo XX (1930-1960)

La época dorada de Hollywood, la de lo que hoy son los clásicos del cine, influirá en todos los aspectos de la moda. En peluquería, las grandes ondas en el más puro estilo Vivien Leigh, Maureen O´Hara o Rita Hayworth se convirtieron en el máximo exponente de la elegancia. Sin embargo, si un peinado creó escuela fue el llamado “Peek-a-boo-bang” consistente en una abundante masa de cabello rubio platino ondulado que tapaba un ojo, popularizado por uno de los grandes mitos del celuloide: Veronica Lake.

Pero si hubo una actriz que determinó el tipo de trabajo que se realizaba en peluquería ésa fue Marilyn Monroe. La rubia más sexy de la historia podría considerarse un fraude, puesto que es bien conocido que su color natural de cabello era castaño. Aún así, fue tal el éxito que consiguió tiñéndose de rubio platino, que miles de mujeres de todo el mundo no dudaron en emularla, intentando acercarse a la imagen de la seductora actriz.

En lo que a productos se refiere fueron los años de mayor auge de lacas y “plis” que debían mantener intacto el laborioso trabajo de los peluqueros. Cualquier mujer que se prestara debía acudir al salón como mínimo una vez por semana, aunque en la alta sociedad no resultaba extraño hacerse peinar a diario por un especialista. Entre los hombres fue más la música que el cine lo que popularizó determinados peinados, así en los 50 se extendió por todo el mundo el mítico tupé de Elvis, sostenido gracias a fuerte gomina (entonces brillantina).

Nace la auténtica pasión por la moda y el culto a la imagen vigente aún en nuestros días.

Etapa VIII:

El Siglo XX (1960-1980)

En los años 60 y 70 se vive una auténtica revolución en lo referente a la moda del cabello. El peinado se convierte en una de las más características señas de identidad de cada persona, y especialmente los jóvenes lo convierten en el santo y seña de su grupo o “tribu urbana”, de manera que les identifique con unos determinados ideales o convicciones, o les encuadre como seguidores de unas tendencias concretas.

Así, los “rockabilies” que habían surgido en la década anterior se peinarán con un tupé al más puro estilo Elvis y lo perpetuarán hasta los años 90. Los seguidores del movimiento “beat” imitarán a “The Beatles” con sus melenitas y flequillos escandalizando a propios y extraños con lo que entonces se consideraba una melenita demasiado larga para el público masculino. Pero en los 70 llegó la auténtica revolución de forma y color: el glam, con David Bowie en cabeza, propulsó el mullet (flequillo muy corto y pelo más largo en la nuca) que llegó a evolucionar hasta límites insospechados con el movimiento punk que construyó altas crestas de colores estridentes sobre una base de mullet. También en los 70 escandalizaban los rastas, que siguiendo los dreadlocks de Bob Marley triunfaron inicialmente entre el público afro-americano, aunque en los 90 se popularizaron a todo tipo de público joven, incluyendo a las chicas que en un primer momento se habían mostrado más reticentes a adoptar este peinado. Por su parte el movimiento hippie y posteriormente el grunge, propulsaron una moda “anti-peluquería” en la que lo que se priorizaba era un pelo descuidado, largo y caído de la manera más natural posible. Para los pseudo-seguidores de estas tendencias fue necesario sin embargo un buen trabajo de salón, para conseguir un aspecto descuidado en lo que realmente era un cabello bien tratado.

Sin embargo si hay dos peinados a resaltar de la moda cabello de los años 60 y 70 que se popularizaron de manera desorbitada, estos fueron la permanente y el bob. Los rizos exagerados a lo “Jackson Five” y el peinado de “corte de paje” que presentó inicialmente Vidal Sassoon, supusieron dos de las grandes fuentes de ingresos de los salones en esas dos décadas y la mayor parte de la posterior. Ambos buscaban algo que ha caracterizado la moda cabello de la edad contemporánea: la comodidad, no sólo al llevarlo, sino al peinarlo. La mujer trabajadora del siglo XX necesitaba levantarse, ducharse y estar arreglada en el mínimo tiempo posible, y estos dos peinados le suponían esta ventaja.

Etapa IX:

Siglo XX (1980-2000)

En el mundo occidental la mujer ha conseguido emanciparse, y al contrario de lo que se podía pensar en un principio, esto supone el empujón final a la cultura del culto al cuerpo. Las mujeres quieren demostrar más que nunca que su profesionalidad no está reñida en ningún caso con su belleza y los cuidados que esta necesita. A su vez, el hombre no querrá ser menos, y empieza también a preocuparse cada vez más por su físico, a utilizar productos cosméticos, a seguir las tendencias de la moda y a no avergonzarse de dedicarse a los cuidados personales.

A partir de este momento, en peluquería se empiezan a crear tendencias, es decir que los estilistas proponen determinadas pautas de moda, pero sin imponerlas. Las tendencias forman corrientes a seguir que permiten que cada cual adapte a su gusto las propuestas de cada temporada. Color, textura, medida del cabello… quedan al gusto del consumidor. Así en los ochenta se llevaban los cabellos ondulados ligeramente, y en los noventa triunfaron los desfilados, los escalados y finalmente las extensiones, pero cada cual dio a estas ideas su toque personal.

Etapa X:

El S.XXI. Los inicios del nuevo milenio

Los pocos años de este nuevo milenio marcan un camino en el mundo de la peluquería que ya había empezado a ser trazado en la última década del S.XX. La mezcla de culturas, de estilos, el cambio constante, el atrevimiento ante formas y colores ha abandonado las pasarelas y las páginas de las revistas y ha invadido las calles.

Los grandes ídolos estéticos masculinos suelen surgir del mundo del deporte, por lo que los looks que lucen futbolistas o jugadores de baloncesto son imitados por miles de chicos de todo el planeta. Entre ellas siguen triunfando como ejemplos a seguir cantantes, actrices y top-models, los estilistas de las cuales cogen sus ideas de la calle para aplicarlas en pantallas y pasarelas, popularizarlas y finalmente extenderlas por los diferentes países de todo el mundo.

Todas las barreras geográficas han quedado destruidas y la comunicación circula a gran velocidad, provocando que modas y tendencias no duren más de una temporada.

Las extensiones fijas o de quita y pon, los baños de color, los postizos, los tintes de alta calidad que no dañan el cabello, las ceras, geles y espumas que texturizan y dan formas, los accesorios y complementos, los protectores solares y todos y cada uno de los productos que pueden encontrarse en el mercado formulados y/o diseñados para el cabello han convertido lo que era un lujo en una necesidad, y la industria de la belleza se ha entrado en la mayoría de hogares. Empieza el milenio de la peluquería, el tiempo en que las barreras han sido derrocadas y cualquiera de los estilos que a lo largo de los siglos anteriores han triunfado ahora se puede ver en las cabezas de los/las más atrevidos y vanguardistas

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El pelo a través de la historia II

Etapa II:

Edad Media:

La Edad Media (s. VII – s. XV) Una vez retirados los romanos de todos los territorios que habían mantenido bajo su influencia dejaron tras de sí un panorama desolador. En un pueblo falto incluso de los recursos más básicos, la austeridad extrema triunfó sobre los afeites y la coquetería. Sólo en la Corte y los pequeños entornos de los señores feudales se mantenía un nivel de vida que permitía unos mínimos retoques estéticos, que, eso sí, solían limitarse a recogidos en las melenas de las damas.

Una religión apremiante que prohibía todo tipo de frivolidad jugó también una mala pasada a aquellas más presumidas que pudiesen intentar arreglarse de un modo más original que el estrictamente permitido.

Teñirse el cabello dejó de ser material y moralmente posible. Sin embargo, las mujeres debían llevar el cabello largo y bien recogido, tal como marcaba la Iglesia, lo que, en una época en que disponer de jabón se consideraba un lujo, obligó a agudizar la imaginación para crear todo tipo de moños y trenzas. La única manera de proteger el cabello de la suciedad y los piojos era cubrirlo convenientemente, por lo que se generalizó el uso de capuchas, velos, gorros y sombreros, en invierno y en verano. Las mujeres intentaban arreglarse de la manera más coqueta posible sin salirse de los cánones estrictamente indicados. Las más humildes tejían en sus cabellos trenzas de todo tipo que generalmente nunca dejaban caer, sino que se enroscaban encima o alrededor de la cabeza formando originales recogidos. Sus únicos recursos para hacerlo eran peines de madera e hilos de lana. A menudo, se usaban flores como ornamento, pues era lo único que tenían a su alcance. La raya en medio era lo más convencional y no solía haber tiempo ni ganas para hacer nada que se saliera de lo establecido. Para la gente del pueblo resultó una época oscura y demasiado dura para pensar en la belleza física.

Etapa III:

Renacimiento

El Renacimiento (s. XVI – s. XVIII) El culto a la belleza personal fue uno de los valores de la época clásica que se recuperaron durante el Renacimiento. El afloramiento de una nueva economía y el interés y preocupación por volver a un modelo de sociedad más civilizado hizo restablecer el valor del aseo y el cuidado personal. En la Corte se crea moda y aparecen otra vez especialistas del peinado que evolucionan en formas e ideas intentando recuperar los antiguos tocados de las épocas griegas y romanas.

Los accesorios proliferan y aparecen los postizos, especialmente en forma de trenzas y moños muy elaborados. Además redecillas, coronas y joyas entrelazadas se extienden no sólo por la Corte, sino entre las florecientes clases urbanas. Italia vuelve a ser el centro de las miradas europeas e impone su gusto y sus ideas de tendencia decorativista y refinada a la mayor parte del mundo occidental de la época. De esta manera se expanden los peinados de las casas venecianas y la moda de teñir el cabello en tonos rojizos, para lo que se empleaban mezclas de sulfuro negro, miel y alumbre con las que se embalsaban las cabelleras y posteriormente se exponían al sol para potenciar la acción de la fórmula. Nació en estos momentos la pasión por cambiar el color natural de la melena de las mujeres, y se popularizaron también el rubio ceniza, el hilo de oro y el color azafrán.

Etapa IV:

La época del Barroco

Los siglos XVII y XVIII, fueron los de la riqueza decorativa, las exageraciones, la búsqueda del efectismo. Pero sin lugar a dudas si algo caracteriza el look de la época son las pelucas, mediante las cuales se diferenciaban las clases sociales. Su aparición fue fomentada por Luis XIV de Francia, que deseaba ocultar al precio que fuera su incipiente calva, pero rápidamente se extendieron por la Europa continental y, posteriormente por Gran Bretaña; a pesar de que en un primer momento se vieron como una más de las excentricidades de la Corte. En pelucas y peinados se reflejaron los gustos estéticos del momento, por lo que, aunque parezca increíble, en ellos se puede observar monumentalidad, espectacular y recargada riqueza decorativa, expresividad, etc. Así se mezclaban con el cabello joyas, gasas, plumas, flores, cintas y elementos inimaginables, de manera que una peluca podía llegar a ser la maqueta de un castillo o de un barco. A más espectacularidad, mayor prestigio se ganaba socialmente. El rizo durante el barroco, y los tirabuzones, que triunfaron definitivamente en la época del rococó, empezaron, por primera vez, a crearse de manera artificial, mediante palos cilíndricos que luego se sometían al calor de hornos de panadería o incluso, fraguas. La técnica perduró y, siglos más tarde, en ella se basaron las primeras permanentes en caliente. Con la llegada de la Revolución Francesa, en 1789, finalizó la ostentación de estos siglos, y la sencillez y la comodidad a las que las clases bajas nunca habían renunciado, se impusieron por encima de las costumbres sofisticadas, que fueron despreciadas por los revolucionarios. Las pelucas desaparecieron por completo y volvió el gusto por el pelo natural. Y es que, como todo, la peluquería también se rige por ciclos.

Etapa V:

El Siglo XIX. Época de cambios

La Revolución Francesa y la Revolución Industrial marcaron, en todos los sentidos, el devenir de la Historia del mundo occidental. En la sociedad, ambas tuvieron una consecuencia clara: la sencillez era la línea a seguir en todos los sentidos para señalar la amplia distancia que separaba las nuevas costumbres de los antiguos excesos de la Corte.

Aparecieron así los peluqueros, que trabajaban sobre todo a domicilio cuando lo hacían con la burguesía, desplazándose a trabajar al hogar de las clientas. Se asentó definitivamente el oficio, el de expertos en cabello que lavaban y sobretodo peinaban a grupos de clientas a cambio de una remuneración económica; a diferencia de los antiguos peluqueros de la Corte que solían ser doncellas u otros sirvientes que aprendieron la profesión o bien artesanos o sastres que confeccionaban pelucas. Los caballeros sin embargo, cortaban su cabello en el barbero, sin decidirse todavía a ponerse en manos de los estilistas que trataban a las señoras.

Las mujeres de las clases sociales más humildes empezaron a trabajar en fábricas y en algunos oficios artesanales, buscando lo más sencillo y práctico sujetaban sus cabellos, sobretodo en moños, que empezó a considerarse el peinado más decoroso del momento. También las burguesas adoptaron este peinado, que reflejaba el espíritu de sencillez que predominaba en el momento. Cubrirlo con el sombrero adecuado al salir a la calle se convirtió en el máximo adorno para estos moños sujetos en la nuca y a menudo cubiertos por redecillas.

Pero la auténtica revolución de la peluquería en esta época la provocó la aparición del agua oxigenada en 1867. Lo que hasta entonces habían sido recetas auténticamente peligrosas para la salud del pelo y el cuero cabelludo pasó a convertirse en un proceso de decoloración mucho más sencillo y seguro. La coloración vivió otro avance espectacular casi a las puertas del S.XX cuando aparecieron los primeros colorantes sintéticos. Y aunque sólo las clases más favorecidas hacían uso de ellos y que tampoco fueron recibidos con gran entusiasmo, significaron la primera semilla de un producto que sin duda ha evolucionado en 100 años más que ningún otro de los utilizados en esta profesión.

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El pelo a través de la historia I

Con esta entrada del blog comienza una trilogía en la que se explica la evolución histórica que ha tenido el pelo desde la Prehistoria hasta nuestros días.

Prehistoria y Edad Antigua

La importancia mágico-religiosa del cabello propició que ya en tiempos remotos su cuidado tuviera una considerable importancia en muchas sociedades.Es posible que la primera herramienta usada por el hombre para cortarse el cabello fueran las lascas extremadamente afiladas de piedra de sílex. El corte de pelo se debía indudablemente a cuestiones prácticas o ceremoniales y nada tenía que ver con los motivos únicamente estéticos de épocas posteriores. Espinas de pescado, dientes de animales y ramitas secas de plantas diversas fueron los primitivos peines de aquellas gentes,que se supone que incluso llegaron a utilizar sangregrasas y tintes vegetales como colorantes para teñir sus cabellos, siempre por motivos rituales.  

Egipto

¿Quién no recuerda el clásico peinado de las mujeres egipcias de los grabados que han llegado hasta la época actual? La elaboradísima cultura egipcia fue de las primeras en considerar el cabello un elemento fundamental de la belleza física y lo trataba ya con funciones estéticas, a pesar de que, tuviera también usos sociales y religiosos. Pelucas y tintes se consideran inventos pertenecientes a la cultura de las pirámides, y es a ellos a quien se debe la utilidad de la henna en coloración capilar, usada hoy todavía para obtener tonos rojizos y caobas.

Grecia

Los griegos convirtieron el culto a la belleza en uno de los pilares de su cultura. Los peinados que triunfaron en sus días eran extremadamente elaborados y llenos de detalles. Al contrario que los egipcios, los griegos adoraban el movimiento expresado a través de múltiples rizos y ondas. También para los hombres el cabello rizado se consideraba exponente de la hermosura.

En Grecia, como en Egipto, los esclavos eran los encargados de mantener lo más hermosas posible las cabezas de sus amos. Pero Grecia aportó un elemento nuevo: los salones de belleza, dónde se peinaban y arreglaban las cabezas más selectas. Otra de las innovaciones de la época vino de la mano de Alejandro Magno, que a consecuencia de sus conquistas en Oriente, aportó toda clase de recetas mágicas para teñir y dar forma al peinado, fórmulas de unos cosméticos que empezaban, en aquel entonces, a ver la luz.

Los íberos

En nuestras tierras los íberos habían seguido sus propios criterios. Hasta la fecha sólo nos han llegado testimonios a través de estatuillas de damitas, a partir de las cuales se ha podido descubrir la enorme influencia de la cultura griega. Así, se observa una deliciosa mezcla entre lo autóctono y lo importado que muestra, por ejemplo, objetos de tocado similares a ruedas, que algunos expertos han identificado con pelo trenzado, enroscado y cubierto de tela (véase la famosa “Dama de Elche” que, a pesar de que su autenticidad haya sido puesta en duda, es un claro intento de reflejar un peinado de la época).

Los pueblos bárbaros

Los pueblos a quienes los romanos denominaron “bárbaros” fueron en cuestiones de peluquería, como en muchas otras, gente eminentemente práctica. Los cabellos largos y sucios podían llegar a ser realmente molestos y siendo pueblos humildes y poco dados a valorar y considerar criterios estéticos hicieron de las trenzas y las colas de caballo sus peinados insignia.  Así que en algo coincidieron los hunos que venían de Oriente con celtas y vikingos del Centro y Norte de Europa: el cabello largo y trenzado (negro en los primeros y rubio o pelirrojo en los otros).

Roma

Entre las múltiples adopciones culturales que los romanos tomaron de los griegos, se encuentran, como no, los criterios estéticos, y entre ellos el de mostrar cabellos lustrosos y peinados elaborados y con infinidad de detalles. El cabello era corto para los hombres y solía sujetarse con una cinta. Las mujeres podían dejar caer su cabello rizado, en forma de tirabuzón o ligeramente ondulado, o bien recogerlo en moños sobre la nuca, que envolvían con redecillas y cintas del mismo modo que anteriormente hicieron las griegas.

Pero el Imperio Romano no sólo tomó ejemplo de la cultura griega, sino que también se fijó en los hermosos cabellos rubios de los pueblos del norte a los que Julio César hizo cautivos. El impacto de ese nuevo tono causó un gran efecto en las mujeres y se empezaron a realizar pruebas para aclarar el cabello, entre las que se popularizó el compuesto de sebo de cabra, ceniza de haya y flor de manzanilla, pese a que resultaba nefasto para la salud de las ya castigadas melenas. Quizá por este motivo, o porque resultaba más práctico, se popularizaron las pelucas elaboradas con cabello de prisioneras. Los salones de peluquería eran ya un negocio, aunque en aquel entonces no existían de modo global como en la actualidad sino que se organizaban por especialidades. En unos se realizaban peinados, en otros se daba color, en otros se hacían pelucas o postizos… no fue hasta cientos de años más tarde en que se consideró el hecho de que, al tratar todos con una misma materia prima, el cabello, lo mejor era unirse para dar un servicio completo. Las barberías, existentes también en época helenística, se convirtieron en centros de encuentro y charla mientras auténticos profesionales se encargaban de arreglar cabellos y barbas.

El declive del Imperio Romano dio paso a dos periodos de la historia totalmente contrapuestos: la Edad Media, en que la pobreza y la austeridad caracterizaron una sociedad eminentemente rural, falta de todo tipo de recursos y muy controlada por una religión casi asfixiante a la que se tenía más miedo que respeto, y el Renacimiento, una etapa donde se encontró un espacio más abierto al pensamiento y las Artes, en que se empezó a recuperar parte de la riqueza económica y cultural perdida durante el largo paréntesis medieval. El entorno de estas dos épocas se vio, evidentemente, reflejado en la estética y la moda de la sociedad del momento.

Extraído de monografias.com. Historia de la peluquería. Autor Jorge Alberto Vilches Sánchez